En el mantenimiento de ascensores, todo el modelo económico se resume en una sola cifra: el número de aparatos asignados a cada técnico. Es el KPI que cualquier directivo de una empresa conservadora conoce de memoria, el que separa las rutas rentables de las que pierden dinero. En Francia, la referencia del sector se sitúa entre 80 y 120 aparatos por técnico, con una media en torno a 100. Detrás de esa media se esconden diferencias considerables y palancas de optimización que muchas empresas todavía no aprovechan.
Nueve visitas al año por aparato, sin excepciones
Francia impone uno de los regímenes de mantenimiento más exigentes de Europa. Desde el decreto n.º 2004-964 y la orden de 18 de noviembre de 2004, cada ascensor debe recibir una visita de mantenimiento cada seis semanas, es decir, unas nueve visitas preventivas al año por aparato. Sin excepciones, sea cual sea la antigüedad o el uso del equipo.
El cálculo para una ruta de 100 cabinas es inmediato: nueve visitas anuales multiplicadas por 100 aparatos, o sea 900 visitas preventivas al año. Repartidas entre unos 215 días efectivos de trabajo, el técnico debe realizar de cuatro a cinco visitas preventivas diarias, cada una de 30 a 45 minutos en el sitio, sin contar los desplazamientos.
Y esa es solo la parte planificada del trabajo. A ello se suman:
- las averías: un parque medio genera de dos a cuatro averías por aparato y año, es decir, de 200 a 400 intervenciones correctivas adicionales en la ruta;
- los rescates de personas atrapadas, con su plazo contractual de una hora;
- las visitas de acompañamiento a los organismos de control para las inspecciones periódicas;
- las pequeñas reparaciones.
El día tipo de un técnico conservador es, por tanto, un arbitraje permanente entre una ruta preventiva impuesta por la ley y un flujo correctivo imprevisible. Es precisamente ese conflicto entre lo planificado y lo urgente lo que hace difícil, y costoso, este oficio.
Por qué algunos técnicos llevan 150 aparatos y otros 60
La media de 100 esconde realidades muy distintas. Cuatro factores explican la mayor parte de la variación.
La densidad geográfica. En el centro de París, donde los edificios se suceden a dos minutos a pie, un técnico puede llevar de 120 a 150 aparatos. En zonas periurbanas o rurales, el tiempo de desplazamiento se come la jornada y el ratio baja a 60-80. El kilómetro es el enemigo silencioso de la rentabilidad.
La antigüedad y la homogeneidad del parque. Según la Fédération des Ascenseurs, el 40 % del parque francés tiene más de 25 años y el 25 % supera los 40. Una cartera de aparatos antiguos y multimarca genera mecánicamente más averías, más búsqueda de recambios y más tiempo de diagnóstico que un parque reciente y homogéneo. Dos rutas de 100 aparatos pueden suponer cargas de trabajo que difieren en el doble.
El tipo de contrato. Un contrato básico y un contrato ampliado con recambios incluidos no implican ni el mismo contenido de visita ni el mismo nivel de compromiso de servicio.
La política de la empresa. Los grandes grupos han empujado históricamente las rutas hacia los 120-150 aparatos para maximizar el margen, a costa de visitas a veces despachadas con prisa y de una elevada rotación de técnicos. En el extremo opuesto, muchas pymes e independientes han hecho de las rutas cortas, de 60 a 90 aparatos, su principal argumento comercial: un técnico que conoce sus equipos, visitas en profundidad, un cliente que siempre ve la misma cara. Dos estrategias opuestas, dos ecuaciones económicas.
Cada aparato ganado se convierte casi íntegramente en margen
He aquí por qué este ratio obsesiona a los directivos del sector. Los costes de una ruta son esencialmente fijos: el salario del técnico, su vehículo, su herramienta. Cada aparato adicional absorbido por la misma ruta se traduce, por tanto, casi íntegramente en margen operativo. Pasar de 100 a 110 aparatos por técnico, manteniendo la calidad de servicio, supone en torno a un 10 % más de rentabilidad en la actividad de mantenimiento.
Evidentemente, no se trata de cargar las rutas degradando las visitas: ni la normativa ni los clientes lo perdonan. Se trata de eliminar todo lo que, en la jornada del técnico, no es ni una visita ni una reparación. Los desplazamientos mal optimizados, los viajes en vacío, las segundas visitas por falta de un recambio o de información, el papeleo de final de jornada.
Se perfilan tres yacimientos de mejora. La optimización de rutas, en primer lugar: una ruta secuenciada con inteligencia, que agrupa las intervenciones por zona e inserta el correctivo en el punto adecuado de la planificación, recupera fácilmente de 30 a 60 minutos al día. La tasa de resolución a la primera visita, después: cada segundo desplazamiento por falta de un recambio, del histórico o de documentación técnica es una visita preventiva perdida. Un técnico que llega al sitio conociendo el historial completo del aparato, las averías recurrentes y las piezas ya sustituidas resuelve más rápido y vuelve menos. La captura de datos en campo, por último: el parte de intervención redactado en movilidad, firmado in situ y volcado automáticamente en el libro de mantenimiento digital elimina de una a dos horas administrativas por semana.
Sumadas, estas ganancias equivalen a 10-20 aparatos adicionales por ruta, sin recortar ni un minuto de visita.
Demostrar el paso es tan determinante como el paso mismo
El ritmo de las seis semanas tiene una consecuencia directa: la obligación de probarlo. Libro de mantenimiento al día, prueba de paso, trazabilidad de las operaciones realizadas en cada visita. En caso de inspección o de litigio, es la documentación la que protege a la empresa. Los administradores de fincas y las entidades de vivienda social, por su parte, exigen cada vez más informes precisos y acceso en tiempo real al estado de su parque.
La época del libro en papel y de la carpeta en la furgoneta toca a su fin. La digitalización del mantenimiento de ascensores ya no es un proyecto de modernización más: es la condición para sostener a la vez la cadencia normativa, la exigencia de los clientes y la ecuación económica de las rutas.
El ratio ya no se gana a costa del técnico
Durante veinte años, la única forma conocida de aumentar el número de aparatos por técnico fue añadir líneas a la ruta y acortar las visitas. Esa vía está cerrada. El mercado de contratación de técnicos de ascensores está tensionado, formar a un profesional lleva años, y una empresa que sobrecarga sus rutas pierde a sus hombres antes que a sus contratos.
El ratio sigue siendo el primer determinante de la rentabilidad de una empresa conservadora. Pero ahora se gana en otro sitio: en los minutos de desplazamiento ahorrados, en las segundas visitas evitadas, en las horas de oficina suprimidas. Dicho de otro modo, en la organización y en las herramientas de software que soportan las rutas, no en la intensidad exigida a los equipos. Ese es justamente el tipo de uso que cubre un GMAO como Yuman: planificación, movilidad en campo y libro de mantenimiento digital en un mismo flujo.